El invierno llegó como confundido. Hace calor y el frío está en los ojos de ella.
Me apuntó.
Se tomó su tiempo, lo que dura un suspiro y dijo “no siento nada”.
Afuera era invierno y también lo era adentro y en los alrededores de todas las cosas y de la gente sin embargo no nos helamos por gracia del refugio de los abrazos donde el calor latía infernalmente. Ella tuvo sed y se bebió un trago de invierno y otro trago más tras otro trago hasta embriagarse de frío, de frío intenso, que congela la pasión y la esperanza y paraliza los suspiros hasta matarlos.
Ella, colmada de invierno, había querido apagar un fuego interno que le quemaba por dentro y la iba consumiendo hasta descascararla dejándola desnuda y frágil como pompa de jabón que el acierto de una partícula la desvaneció.
Suicidas.

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