Por: Hortensia Campanella.
La primera novela de Juan Carlos Onetti, El Pozo, ofrece características aventureras ya desde el momento mismo de su redacción, según relataba el escritor. Incluso descartando posibles desarrollos míticos producto de las marañas de su memoria o de la tentación de inventar que lo dominó desde la niñez, los avalares comprobados de la creación de esta obra merecen destacarse.
Vista en perspectiva, esta breve novela —99 páginas de 11 por 15 centímetros en su primera edición— ha sido examinada por la crítica como un hito inicial de toda la obra de Onetti donde cabe observar los grandes temas que aparecerán desarrollados más tarde, libro tras libro. Y fue redactada en un fin de semana entre 1930 y 1932, o sea cuando su autor tenía poco más de veinte años. Según Onetti, ese texto se perdió. Pero aunque pongamos en duda esta versión romántica —el furor creativo, la decepción y la pérdida— el libro como finalmente apareció en 1939, es fruto de un escritor de solo 30 años.
La historia de la publicación es asimismo peculiar: sus dos amigos Casto Canel y Juan Cunha tenían una pequeña imprenta donde publicaban fundamental¬mente cuadernos de poesía, como por ejemplo la primera edición de Cometas sobre los muros, de Líber Falco. Le pidieron a Onetti un texto breve y él reconstruyó aquella mínima novela perdida que se publicó entonces en un papel muy barato. Según ha recordado Canel, para la cartulina de la tapa ofreció un dibujo suyo de una cabeza que fue aceptado por el novel autor con una broma: debía estar firmado por Picasso. Así se conservan ejemplares de la primera edición, después de 70 años: papel muy oscuro, con manchas e irregularidades en el que, sin embargo, se lee perfectamente el texto, bajo el sello de Ediciones Signo, y con el nombre de su autor, simplemente J. C. Onetti, sobre un desconocido "Picasso".
LA CONTRASEÑA DEL SOLILOQUIO.
El pozo aparece como el hilo de Ariadna que nos introduce con seguridad en el laberinto de la obra de Onetti, una narrativa que crea un mundo complejo, denso, con caminos cruzados, que necesitan de contsaseñas en cadena. Una buena pista para comprenderlo un poco más podría ser una definición que mucho tiempo después dio el mismo Onetti: "El escritor es de 1939, que constaba de 99 pequeñas páginas
en papel de baja calidad. El editor fue Casto Canel, quien inventó para la tapa un falso "Picasso " nos importante que el ejercicio del amor, de la bondad y del odio ". Por eso, él escribirá por "arranques" y prefiere lo que. llama el "escritor-amante", quien escribe! cuando lo arrebata la pasión. Se trata def«-pura intensidad vital, unida a su otra obsesión, la de la lectura.
La narración se hace desde el punto de vista de un personaje completamente protagónico, Eladio Linacero, un pocoff mayor que su autor, cuarenta años, quien*" detalla, a modo de soliloquio, sus pensamientos, sus recuerdos, sus decepciones, y los trucos que desarrolla para supera» la desesperación que experimenta al lleJ gar a esa edad. Aquellos temas mencionados se precipitan a lo largo del texto. En primer lugar está la frustración ant la incomunicación con el otro, y la sen sación de fracaso y de soledad que él descarga sobre el individuo. Esa compro bación lo llena de asco e insatisfacción su lenguaje es coloquial y agresivo por que está escribiendo sus "memorias", según dice el personaje, con una "sensación de curiosidad por la vida y un poa de admiración por su habilidad parí desconcertar siempre ".
La ecuación de decepción y soledaí introduce un elemento que debería resolver el fracaso, el amor. Para Onetti el él que deben "salvar" al hombre que no cree en Dios. El acto de entrega total del amor ofrece la posibilidad, engañosa, de superación de la angustia personal. Así surge "la muchacha", necesariamente como criatura pura que, sin embargo, sufrirá quebrantos, desgaste, transformación. La realidad devuelve la individualidad, mata la ilusión. Como dice Linacero: "El amor es algo demasiado maravilloso para que uno pueda andar preocupándose por el destino de dos personas que no hicieron más que tenerlo, de manera inexplicable ".
La narración autorreferencial es fiel reflejo de una vida que se busca constantemente, sin luz. Justamente en la época en que publica El Pozo Onetti ya era secretario de redacción de la revista Marcha y escribía artículos sobre literatura. En uno de esos artículos, titulado "Propósitos de Año Nuevo", el 30 de diciembre de 1939, recomienda: "Que cada uno busque dentro de sí mismo, que es el único lugar donde puede encontrarse la verdad y todo ese montón de cosas cuya persecución, fracasada siempre, produce la obra de arte. Fuera de nosotros no hay nada, nadie". Esa es la desolada comprobación que, sin embargo, una y otra vez intenta contradecir. Se trata de vivencias propias, del ser humano Onetti, que descubrimos en los personajes, en primer lugar en este Eladio Linacero. Las pasiones, las pesadillas, las elecciones que hizo a lo largo de su vida el escritor tienen un paralelo en sus narraciones, en el mundo que construyó para los personajes, esos que aparecían ante sus ojos como seres reales. "La literatura integra mi vida real, los personajes son parte mía ", afirmaba, y por eso habló en muchas ocasiones de "la poblada soledad del escritor".
EL SUEÑO COMO BÚSQUEDA.
La figura del soñador aparece plenamente en El pozo, como aparecerá muchas veces más tarde. El sueño rescata al ser humano del desastre o simplemente del tedio desesperanzado. La ensoñación que se nutre de memoria y también de literatura, consigue esa evasión tan necesaria, da vida a mundos complejos en los que se puede vivir de otra manera. El protagonista de la novela dice que le gustaría "ir contando un suceso y un sueño ", pero la intención de que ello lo ayude a comunicarse se ve defraudada por lo absolutamente íntimo del empeño, por la imposibilidad del con el otro. Una y otra vez fracasa cuando elige pata contar uno de sus maravillosos sueños a quienes piensa podrían ser más receptivos, el poeta y la prostituta. La conclusión a la que llega es amarga: "No hay nadie que tenga el alma limpia, nadie ante quien sea posible desnudarse sin vergüenza". En el sueño el ser humano encuentra esa pureza, ese candor que está en la esencia misma de hombres y mujeres en la niñez, pero que siempre pierden al crecer, al vivir, al transar, según queda claro en la narración.
Sin embargo, con el tiempo, el escritor sigue persiguiendo un encuentro imposible entre el hombre y su ser mejor. Y sus personajes pasarán de ser "un pobre hombre que se vuelve por la noches hacia la sombra de la pared para pensar cosas disparatadas y fantásticas ", como en El Pozo, a individuos que crean su propia vida. "La palabra todo lo puede ", dirá el personaje Brausen en La vida breve. Y en los sucesivos libros de Onetti ese será claramente el instrumento conformador de realidades plenas, cuando la fabulación encuentre su espacio mítico, la ciudad de Santa María.
También desde el punto de vista estilístico El Pozo es una buena entrada a la obra narrativa de Onetti. Joven, temprano, algo elemental aquí, el estilo del narrador busca adecuarse a la ambigüedad del alma humana. Por algo Linacero sentencia: "Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos". La evidencia de la invención, con su distancia y ambigüedades, promueve la fragmentación, característica de la modernidad, y nos lleva a uno de sus lenguajes, el del cine. Onetti mostró siempre su afición al mismo, pero esencialmente interiorizó en sus recursos narrativos los de ese arte del siglo XX. Esto es claramente visible en las descripciones, donde aparecen primeros planos con efectos de metonimia, encuadres que buscan aislar significaciones, elipsis narrativas, etc. También la adjetivación ligada a los sentidos nos remite a lo cinematográfico. La sustitución de lo material por su expresión, o por su consecuencia, colabora con el propósito de despersonalización del autor, y nos coloca una y otra vez en el papel del testigo.
El lector de El Pozo, entre muchos otros estímulos, tendrá el de ser un observador privilegiado y podrá compartir el sueño como búsqueda, como hacen los seres humanos, tal como él mismo es.
HORTENSIA CAMPANELLA (n. 1947); crítica hispano-uruguaya. Dirigió, la edición de las Obras Completas de nmmi I Galaxia Gukmberg) de la cual se acaba de publicar el tercer y último tomo.
Fuente: El País CULTURAL.

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