lunes, 13 de septiembre de 2010

Cuentos de niños

Fuente: Cuentos y propuestas 2002.

La casona

- Dale, dale "Seba", metete por ese hueco que viene Camilo, ¡dale!
- Matías, ¿te volviste loco?
- No, dale.
- Piicccaaaa, pica Matías y Sebastián.
- No vale, Camilo, eso es trampa.
- Matías, cállate que ahí está la vecina Almita, sargento alcahueta y nos va a ver.
De a poquito y sin que nos diéramos cuenta se hizo de noche y por más que no tuviéramos ganas nos tuvimos que ir.
- Hola, llegué, mamá.
- Hola, ¿dónde estabas?
- ¿Eh?
- No me digas que estuviste otra vez en esa casa abandonada. Mira que la señora Alma me dijo que los había visto venir por ahí.
- ¿Eh?
- Bueno, haces los deberes y te vas a cenar, hoy no hay nada en la televisión.
Esa noche la pasé re aburrido, pero como el dicho "no hay mal que por bien no venga" después de cenar planifiqué lo que haríamos al otro día en la "casona" (la casa abandonada).
Los días pasaban y por cierto muy divertidos, a los chiquilines y a mí nos encantaba jugar en ese lugar.
- Matías, vos anda por ahí que Camilo y yo vamos por acá.
-La verdad es que si ese gato se nos escapa es por arte de magia.
- Miiaaauuuu
- Síiiii, lo agarramos.
- Bien Mati.
- iAaaayyy! Me rasguñó.
- Sshhh, cállate Camilo.
Le hicimos una casita al gatito pero de repente oímos una sirena.
- ¿Qué es eso?
- Es la policía, Camilo.
- La señora sargento la debe haber llamado porque oyó tu grito.
La penitencia que me pusieron (además de prohibirme
terminantemente ir a la casona) fue horrible, tenía que tender todas las camas de mi casa por un mes, además no podría salir a ningún lado y para las próximas calificaciones los 4 de mi libreta debían desaparecer. Los años pasaron, los cinco de mis calificaciones desaparecieron y aunque no lo crean me dieron el diploma de pediatra profesional, Camilo y Matías se hicieron importantes y respetados constructores y el siguiente 6 de septiembre como de costumbre, nos reunimos para festejar mi cumpleaños.
- Y bueno Sebastián, contame, ¿cómo hiciste para descubrir que la casa que tenía no era de él?
- Bueno...
- Ghe,¿ se acuerdan de la casona?
- Sí, ¿te acordás cuando me caí arriba de la botella y de la excusa que le inventé a mamá?
- Claro Mati, ¿y de cuando agarramos el gato?
- Más bien Camilo, ¿y de cuando nos descubrió la policía?
- Sí, qué tiempos tan lindos, no? ¡Quién sabe cómo estará la casona ahora!
- No sé, quién sabe, no estaría mal ir a averiguarlo.

- Estoy de acuerdo. Mañana mismo después de trabajar nos vamos. Esa noche estaba tan ansioso que no me podía dormir.
- Me parece que es por ahí, Seba.
- Miren, ahí está, no lo puedo creer.
- Denle, ¿qué estamos esperando?
- Cómo extrañaba este lugar!
- ¿Oyeron eso? ¿Quién anda por ahí?
- Sí ¿qué es eso?
- Eh, hola, me llamo Gonzalo y ellos son Santiago y Joaquín.
- Hola,¿qué hacen acá?
- Por favor no llamen a la policía.
- Esta es nuestra casona.
- Era Matías.
- Pero aquí jugamos nosotros.
- ¿Por qué no podemos disfrutar todos del lugar?
- Pero ¿cómo Gonza, este lugar está prohibido?
- Sí, pero yo no me quiero ir de acá.

- Tiene que haber alguna forma...¡Ya sé!, Matías, Camilo, ustedes son constructores, ¿por qué no transforman la casona en un parque, en un lugar agradable para que todos disfruten;
- Pero...
- Dale, Camilo, no seas haragán.
- Sí Camilo, Sebastián tiene razón.
En poquito tiempo el parque estuvo pronto y todos los vecinos (hasta la señora sargento Almita) como buenas personas que son, colaboraron con la decoración natural de margaritas, rosas, girasoles y jazmines de nuestro parque. Ahora todos los domingos de tardecita nos vamos al parque a disfrutar de la naturaleza y de nuestra gran amistad.

Agustina Saubaber Colegio Nuestra Señora del Huerto Io 1.

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