martes, 14 de septiembre de 2010

Sarcasmo





La concentración de la riqueza nunca será problema mientras dispongamos de estas tres grandes instituciones para su redistribución: impuestos, esposa y prole.
M. H. W.

Status




Cuando éramos niños comenzamos a fumar porque nos parecía un acto propio de personas inteligentes. ¿Por qué no dejar el vicio por la misma razón ?
H. E.

Estereotipos

Ahora que las mujeres ejercen el oficio de jockey y de arbitro de béisbol, y son técnicas en ciencia atómica y capitanas de industria, puede que algún día aprendan a estacionar el coche correctamente.
B. V.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Cuentos de niños

Fuente: Cuentos y propuestas 2002.

La casona

- Dale, dale "Seba", metete por ese hueco que viene Camilo, ¡dale!
- Matías, ¿te volviste loco?
- No, dale.
- Piicccaaaa, pica Matías y Sebastián.
- No vale, Camilo, eso es trampa.
- Matías, cállate que ahí está la vecina Almita, sargento alcahueta y nos va a ver.
De a poquito y sin que nos diéramos cuenta se hizo de noche y por más que no tuviéramos ganas nos tuvimos que ir.
- Hola, llegué, mamá.
- Hola, ¿dónde estabas?
- ¿Eh?
- No me digas que estuviste otra vez en esa casa abandonada. Mira que la señora Alma me dijo que los había visto venir por ahí.
- ¿Eh?
- Bueno, haces los deberes y te vas a cenar, hoy no hay nada en la televisión.
Esa noche la pasé re aburrido, pero como el dicho "no hay mal que por bien no venga" después de cenar planifiqué lo que haríamos al otro día en la "casona" (la casa abandonada).
Los días pasaban y por cierto muy divertidos, a los chiquilines y a mí nos encantaba jugar en ese lugar.
- Matías, vos anda por ahí que Camilo y yo vamos por acá.
-La verdad es que si ese gato se nos escapa es por arte de magia.
- Miiaaauuuu
- Síiiii, lo agarramos.
- Bien Mati.
- iAaaayyy! Me rasguñó.
- Sshhh, cállate Camilo.
Le hicimos una casita al gatito pero de repente oímos una sirena.
- ¿Qué es eso?
- Es la policía, Camilo.
- La señora sargento la debe haber llamado porque oyó tu grito.
La penitencia que me pusieron (además de prohibirme
terminantemente ir a la casona) fue horrible, tenía que tender todas las camas de mi casa por un mes, además no podría salir a ningún lado y para las próximas calificaciones los 4 de mi libreta debían desaparecer. Los años pasaron, los cinco de mis calificaciones desaparecieron y aunque no lo crean me dieron el diploma de pediatra profesional, Camilo y Matías se hicieron importantes y respetados constructores y el siguiente 6 de septiembre como de costumbre, nos reunimos para festejar mi cumpleaños.
- Y bueno Sebastián, contame, ¿cómo hiciste para descubrir que la casa que tenía no era de él?
- Bueno...
- Ghe,¿ se acuerdan de la casona?
- Sí, ¿te acordás cuando me caí arriba de la botella y de la excusa que le inventé a mamá?
- Claro Mati, ¿y de cuando agarramos el gato?
- Más bien Camilo, ¿y de cuando nos descubrió la policía?
- Sí, qué tiempos tan lindos, no? ¡Quién sabe cómo estará la casona ahora!
- No sé, quién sabe, no estaría mal ir a averiguarlo.

- Estoy de acuerdo. Mañana mismo después de trabajar nos vamos. Esa noche estaba tan ansioso que no me podía dormir.
- Me parece que es por ahí, Seba.
- Miren, ahí está, no lo puedo creer.
- Denle, ¿qué estamos esperando?
- Cómo extrañaba este lugar!
- ¿Oyeron eso? ¿Quién anda por ahí?
- Sí ¿qué es eso?
- Eh, hola, me llamo Gonzalo y ellos son Santiago y Joaquín.
- Hola,¿qué hacen acá?
- Por favor no llamen a la policía.
- Esta es nuestra casona.
- Era Matías.
- Pero aquí jugamos nosotros.
- ¿Por qué no podemos disfrutar todos del lugar?
- Pero ¿cómo Gonza, este lugar está prohibido?
- Sí, pero yo no me quiero ir de acá.

- Tiene que haber alguna forma...¡Ya sé!, Matías, Camilo, ustedes son constructores, ¿por qué no transforman la casona en un parque, en un lugar agradable para que todos disfruten;
- Pero...
- Dale, Camilo, no seas haragán.
- Sí Camilo, Sebastián tiene razón.
En poquito tiempo el parque estuvo pronto y todos los vecinos (hasta la señora sargento Almita) como buenas personas que son, colaboraron con la decoración natural de margaritas, rosas, girasoles y jazmines de nuestro parque. Ahora todos los domingos de tardecita nos vamos al parque a disfrutar de la naturaleza y de nuestra gran amistad.

Agustina Saubaber Colegio Nuestra Señora del Huerto Io 1.

Sobre la novela "El pozo"

Por: Hortensia Campanella.

La primera novela de Juan Carlos Onetti, El Pozo, ofrece características aventureras ya desde el momento mismo de su redacción, según relataba el escritor. Incluso descartando posibles desarrollos míticos producto de las marañas de su memoria o de la tentación de inventar que lo dominó desde la niñez, los avalares comprobados de la creación de esta obra merecen destacarse.
Vista en perspectiva, esta breve novela —99 páginas de 11 por 15 centímetros en su primera edición— ha sido examinada por la crítica como un hito inicial de toda la obra de Onetti donde cabe observar los grandes temas que aparecerán desarrollados más tarde, libro tras libro. Y fue redactada en un fin de semana entre 1930 y 1932, o sea cuando su autor tenía poco más de veinte años. Según Onetti, ese texto se perdió. Pero aunque pongamos en duda esta versión romántica —el furor creativo, la decepción y la pérdida— el libro como finalmente apareció en 1939, es fruto de un escritor de solo 30 años.
La historia de la publicación es asimismo peculiar: sus dos amigos Casto Canel y Juan Cunha tenían una pequeña imprenta donde publicaban fundamental¬mente cuadernos de poesía, como por ejemplo la primera edición de Cometas sobre los muros, de Líber Falco. Le pidieron a Onetti un texto breve y él reconstruyó aquella mínima novela perdida que se publicó entonces en un papel muy barato. Según ha recordado Canel, para la cartulina de la tapa ofreció un dibujo suyo de una cabeza que fue aceptado por el novel autor con una broma: debía estar firmado por Picasso. Así se conservan ejemplares de la primera edición, después de 70 años: papel muy oscuro, con manchas e irregularidades en el que, sin embargo, se lee perfectamente el texto, bajo el sello de Ediciones Signo, y con el nombre de su autor, simplemente J. C. Onetti, sobre un desconocido "Picasso".

LA CONTRASEÑA DEL SOLILOQUIO.

El pozo aparece como el hilo de Ariadna que nos introduce con seguridad en el laberinto de la obra de Onetti, una narrativa que crea un mundo complejo, denso, con caminos cruzados, que necesitan de contsaseñas en cadena. Una buena pista para comprenderlo un poco más podría ser una definición que mucho tiempo después dio el mismo Onetti: "El escritor es de 1939, que constaba de 99 pequeñas páginas
en papel de baja calidad. El editor fue Casto Canel, quien inventó para la tapa un falso "Picasso " nos importante que el ejercicio del amor, de la bondad y del odio ". Por eso, él escribirá por "arranques" y prefiere lo que. llama el "escritor-amante", quien escribe! cuando lo arrebata la pasión. Se trata def«-pura intensidad vital, unida a su otra obsesión, la de la lectura.
La narración se hace desde el punto de vista de un personaje completamente  protagónico, Eladio Linacero, un pocoff mayor que su autor, cuarenta años, quien*" detalla, a modo de soliloquio, sus pensamientos, sus recuerdos, sus decepciones, y los trucos que desarrolla para supera» la desesperación que experimenta al lleJ gar a esa edad. Aquellos temas mencionados se precipitan a lo largo del texto.  En primer lugar está la frustración ant la incomunicación con el otro, y la sen sación de fracaso y de soledad que él descarga sobre el individuo. Esa compro bación lo llena de asco e insatisfacción su lenguaje es coloquial y agresivo por que está escribiendo sus "memorias", según dice el personaje, con una "sensación de curiosidad por la vida y un poa de admiración por su habilidad parí desconcertar siempre ".
La ecuación de decepción y soledaí introduce un elemento que debería resolver el fracaso, el amor. Para Onetti el él que deben "salvar" al hombre que no cree en Dios. El acto de entrega total del amor ofrece la posibilidad, engañosa, de superación de la angustia personal. Así surge "la muchacha", necesariamente como criatura pura que, sin embargo, sufrirá quebrantos, desgaste, transformación. La realidad devuelve la individualidad, mata la ilusión. Como dice Linacero: "El amor es algo demasiado maravilloso para que uno pueda andar preocupándose por el destino de dos personas que no hicieron más que tenerlo, de manera inexplicable ".
La narración autorreferencial es fiel reflejo de una vida que se busca constantemente, sin luz. Justamente en la época en que publica El Pozo Onetti ya era secretario de redacción de la revista Marcha y escribía artículos sobre literatura. En uno de esos artículos, titulado "Propósitos de Año Nuevo", el 30 de diciembre de 1939, recomienda: "Que cada uno busque dentro de sí mismo, que es el único lugar donde puede encontrarse la verdad y todo ese montón de cosas cuya persecución, fracasada siempre, produce la obra de arte. Fuera de nosotros no hay nada, nadie". Esa es la desolada comprobación que, sin embargo, una y otra vez intenta contradecir. Se trata de vivencias propias, del ser humano Onetti, que descubrimos en los personajes, en primer lugar en este Eladio Linacero. Las pasiones, las pesadillas, las elecciones que hizo a lo largo de su vida el escritor tienen un paralelo en sus narraciones, en el mundo que construyó para los personajes, esos que aparecían ante sus ojos como seres reales. "La literatura integra mi vida real, los personajes son parte mía ", afirmaba, y por eso habló en muchas ocasiones de "la poblada soledad del escritor".

EL SUEÑO COMO BÚSQUEDA. 

La figura del soñador aparece plenamente en El pozo, como aparecerá muchas veces más tarde. El sueño rescata al ser humano del desastre o simplemente del tedio desesperanzado. La ensoñación que se nutre de memoria y también de literatura, consigue esa evasión tan necesaria, da vida a mundos complejos en los que se puede vivir de otra manera. El protagonista de la novela dice que le gustaría "ir contando un suceso y un sueño ", pero la intención de que ello lo ayude a comunicarse se ve defraudada por lo absolutamente íntimo del empeño, por la imposibilidad del con el otro. Una y otra vez fracasa cuando elige pata contar uno de sus maravillosos sueños a quienes piensa podrían ser más receptivos, el poeta y la prostituta. La conclusión a la que llega es amarga: "No hay nadie que tenga el alma limpia, nadie ante quien sea posible desnudarse sin vergüenza". En el sueño el ser humano encuentra esa pureza, ese candor que está en la esencia misma de hombres y mujeres en la niñez, pero que siempre pierden al crecer, al vivir, al transar, según queda claro en la narración.
Sin embargo, con el tiempo, el escritor sigue persiguiendo un encuentro imposible entre el hombre y su ser mejor. Y sus personajes pasarán de ser "un pobre hombre que se vuelve por la noches hacia la sombra de la pared para pensar cosas disparatadas y fantásticas ", como en El Pozo, a individuos que crean su propia vida. "La palabra todo lo puede ", dirá el personaje Brausen en La vida breve. Y en los sucesivos libros de Onetti ese será claramente el instrumento conformador de realidades plenas, cuando la fabulación encuentre su espacio mítico, la ciudad de Santa María.
También desde el punto de vista estilístico El Pozo es una buena entrada a la obra narrativa de Onetti. Joven, temprano, algo elemental aquí, el estilo del narrador busca adecuarse a la ambigüedad del alma humana. Por algo Linacero sentencia: "Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos". La evidencia de la invención, con su distancia y ambigüedades, promueve la fragmentación, característica de la modernidad, y nos lleva a uno de sus lenguajes, el del cine. Onetti mostró siempre su afición al mismo, pero esencialmente interiorizó en sus recursos narrativos los de ese arte del siglo XX. Esto es claramente visible en las descripciones, donde aparecen primeros planos con efectos de metonimia, encuadres que buscan aislar significaciones, elipsis narrativas, etc. También la adjetivación ligada a los sentidos nos remite a lo cinematográfico. La sustitución de lo material por su expresión, o por su consecuencia, colabora con el propósito de despersonalización del autor, y nos coloca una y otra vez en el papel del testigo.
El lector de El Pozo, entre muchos otros estímulos, tendrá el de ser un observador privilegiado y podrá compartir el sueño como búsqueda, como hacen los seres humanos, tal como él mismo es. 

HORTENSIA CAMPANELLA (n. 1947); crítica hispano-uruguaya. Dirigió, la edición de las Obras Completas de nmmi I Galaxia Gukmberg) de la cual se acaba de publicar el tercer y último tomo.

Fuente: El País CULTURAL.

Modestia

Las soluciones a los problemas prácticos casi siempre tienen un comienzo modesto. Por lo general la gente humilde sufre los problemas urbanos antes que la gente acomodada, y son los humildes los primeros que observan y entienden esos problemas. Los primeros hospitales fueron empresas modestas. También lo fueron las primeras fábricas de automóviles, aviones, ropa, los almacenes y supermercados.
Cuando la gente humilde que ejecuta trabajos comunes y corrientes no está al mismo tiempo resolviéndolos,; los problemas tienden a quedar sin Solución.

Jane Jacobs, urbanista.

Ponzoña



El norteamericano no es apto para consumo humano. El animal que en su tejido adiposo tiene más de siete partes de DDT en un milón, se considera inapropiado como alimento en los Estados Unidos. Y ahora se ha revelado qué el norteamericano tiene en su organismo 12 partes por millón de ese insecticida.

Richard Scott, en The Guardian, de Manchester (Inglaterra).